• Richard N Bailey Lazzari

ANTE EL ALUCINANTE AVANCE TECNOLÓGICO, ¿QUÉ HAREMOS EN VENEZUELA?

Recientemente vi un video el cual me pareció alucinante y angustiante a la vez. El venezolano José Luis Cordeiro, PhD y profesor de MIT, explica en poco más de 20 minutos las dinámicas actualmente en movimiento que generan extraordinarios cambios tecnológicos y que desembocarán, a más tardar en 2045, en el evento histórico que han llamado la "singularidad": momento en el que la inteligencia artificial superará a la inteligencia humana.

Si lo que predice Cordeiro es cierto, presenciaremos "la muerte de la muerte", porque los avances de la medicina neutralizarán el proceso de envejecimiento y viviremos muchos años más. Secuenciando nuestros genomas sabremos anticipadamente- y en minutos- qué procesos metabólicos en nuestro cuerpo nos podrían conducir a la muerte y podremos prevenirlos.

Los robots y súper computadores se auto enseñarán y se ocuparán de hacer todas las tareas, "sin horario ni fecha en el calendario", sin caer en los "errores humanos" tan comunes en nosotros los mortales.

Subraya el conferenciante que la velocidad de los cambios es exponencial y no lineal, algo que a los humanos nos cuesta entender. De allí que se nos vienen encima aceleradamente, en menos de dos décadas.

En fin, la humanidad vivirá una revolución tecnológica como jamás ha presenciado.

Y aquí comenzó para mi la parte angustiante: qué haremos en Venezuela -o qué será de nuestro país- cuando el mundo sea golpeado por ese tsunami tecnológico. Ya es evidente la enorme brecha tecnológica que existe entre el miserable estado en el que se encuentra Venezuela y el de otros países del continente americano. El estado de humillante postración en el se encuentran nuestras universidades es sólo un reflejo.

Por ejemplo, en el área que nos incumbe, seguramente las súper computadoras diseñarán y ejecutarán proyectos de ingeniería mucho más eficientemente que avezados ingenieros y a costos más competitivos. Países en vías de desarrollo con acceso a las últimas tecnologías tendrán lo mejor de ambos mundos: herramientas de punta y mano de obra barata: China, India, Malasia, Indonesia...Brasil? Los países del Tercer Mundo, con miopía crónica y enganchados al pasado, quedaremos como simples proveedores de materias primas, con escasas transformaciones río abajo. Seguiremos cambiando nuestro "oro" por "espejitos"?

Cómo romper esas pesadas cadenas? Todo debe comenzar por asegurar un liderazgo inteligente, ilustrado, íntegro, con visión de largo plazo, que ponga énfasis en el futuro en vez de sustentarse en historias decimonónicas de batallas y montoneras.

El actual primer ministro de Malasia podría ser un buen ejemplo: Dr. Mahathir bin Mohamad. Desde principio de los ´80 desarrolló e implementó un plan estratégico que ha traído grandes transformaciones económicas a su país y prosperidad a su gente. Dirigió a Malasia como primer ministro hasta 2003, pero recientemente, ante la convulsión política por corrupción, la ciudadanía ha vuelto a elegirlo, ¡a sus 95 años de edad!, para que ponga orden y concierto.


A Venezuela le debe quedar una ventana de oportunidad de unos 30 años para sacarle el máximo provecho a sus recursos naturales, los hidrocarburos en primer lugar. Está cantado que las fuentes de energía verde terminarán imponiéndose en el mundo. A menos que se encuentre una manera de alimentar a los venezolanos con crudo pesado, todos los miles de millones de barriles que tenemos de reserva en la Faja del Orinoco no nos servirán para nada, ya que los mercados se irán secando. Hasta las grandes empresas petroleras internacionales están migrando hacia fuentes menos contaminantes. De no hacerlo, corren el riesgo de seguir el camino de la industria del tabaco. Cuán poderosas eran en los años ´50 y ´60!

Entonces, volviendo a la pregunta inicial: qué haremos en Venezuela? Aprovecharemos esta ventana de oportunidad para -nuevamente!- intentar "sembrar el petrolero" en educación, salud, recuperación de la infraestructura, tecnología de punta y diversificación de la economía?

La decisión es nuestra y la voluntad de hacerlo también.




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